Corría el año de 1985 y a mi secundaria llegó un nuevo compañero. Rápidamente se corrió el rumor que venía del Colegio Claretiano en Heredia. Era pequeño de cabello castaño claro y con pecas. Se esparció el rumor que era “bueno para la juerga” así que era mejor mantener una distancia prudente para no convertirse en candidato a perder alguna materia y tener que presentarse a ampliación o en el peor de los casos a repetir el año. Sin duda, un muchacho muy alajuelense alegre y de armar bullicio.
Seguí las recomendaciones y en 1986 terminé mis estudios secundarios junto a más de un centenar de muchachas y muchachos en el Instituto de Alajuela. El año siguiente ingresé a la Universidad de Costa Rica con el objetivo de convertirme en periodista.
Pasó mucha agua debajo del puente y en el 2015 mientras cubría la licencia de maternidad de la colega, Roberta Hernández en la Oficina de Comunicación de la Universidad Nacional. Un día me indicaron “debés ir a grabar unas declaraciones del vicerrector académico, Francisco González, él sabe de que se trata”. Alisté el equipo; la cámara y el micrófono y las luces y salí a buscar la oficina de este funcionario.
Cuando llegué, la secretaría me indicó que el vicerrector no se encontraba pero que estaba por llegar. “Si gusta pasa y va instalando su equipo”, en ello estaba cuando escuché una voz que abría la puerta. ¡Diay Wright qué está haciendo acá”. Era Wiri o Guiri, el muchacho del que me habían indicado mantuviera distancia. Esa tarde antes de grabar sus declaraciones nos reímos bastante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario