jueves, 17 de abril de 2014

Realismo mágico por kilo

La muerte de García Márquez  me llegó por la televisión este jueves santo. Hubiera preferido la prensa escrita pero en fin, vivo en una era de medios electrónicos.

Dicho sea de paso y ya que Gabo es uno de los guías en mi oficio, vuelvo a las letras en este espacio.

Hace unos días recorrí con mi madre, el mercado central de la ciudad de Alajuela, un lugar donde el realismo mágico se vende por kilo, aunque puede comprarse también en fracciones de este.

Voy al detalle, en este mundo tan lleno de “chunches”, con tablets y teléfonos celulares “inteligentes”, los mercados de las ciudades y los pueblos nos llevan de una manera mágica y a una velocidad de google desearía al contacto del ser humano con sus raíces.

Son sitio de encuentro por excelencia y no sólo para comprar o vender cosas, es que los mercados son más que eso. En estos lugares, nos reflejamos de manera auténtica cada pueblo con sus dichos de aquí y más allá.

Los olores de las hierbas, vegetales y carnes tan expuestos a los sentidos y no maquillados por aires acondicionados como en los centros comerciales modernos o los supermercados.

La variedad de rostros, el gesto amable del comerciante dispuesto a “amarrar” una venta son parte de la oferta.

Cada vez que de la mano de mi esposa o de mi madre escucho la palabras “ir al mercado” trató de suspender o cancelar cualquier actividad que tenga programada para llegar a esos mágicos lugares.

Dígame usted sino en que otro lugar puede comprar un octavo de queso fresco, meter la mano en los granos de algunas semillas, frotarse la nariz ante el fuerte olor de algún marisco con urgencia de caer en sopa o ceviche.

Y la verdad, aparte del variopinto paisaje, se puede ahorrar unos cuantos pesos. Y les digo hasta “delicatesen” se pueden encontrar en los mercados a precios muy inferiores y con la ganancia de una agradable conversación con el mercader o la señora de al lado que espera su turno de ser atendida y que con suerte hasta le sugiere una nueva receta.

Los invito a no olvidarse de los mercados, eso sitios mágicos, llenos de vivencias y de gustos para esos seres golosos que somos los humanos.