Hace algunos días, el presidente
de los Estados Unidos, Barack Obama se subió al autobús donde hace más de 50
años, Rosa Parks, una mujer negra se negó a ceder uno de los asientos delanteros a un hombre
blanco tal y como era la costumbre en ese país, en esa época.
Hace también pocos días,
Maríajose Solano, una mujer transgénero costarricense apareció durante
una semana, en una serie de reportajes sobre personas con esta condición en
nuestro país.
Maríajose decidió visibilizar a
esta población, ella empezó una lucha por sus derechos y los de personas como
ella en esta sociedad costarricense que ya pasa la primera década del siglo XXI.
A ella, la conocí precisamente
porque llegó al Canal 7 a solicitar hacer su práctica profesional en el
programa Buen día. Les cuento que no faltaron (y no faltan) miradas suspicaces
y comentarios mordaces por su presencia en este medio de comunicación. Esas
miradas y esos comentarios a los que se deben enfrentar todos los días, estas
personas por el hecho de presentarse como diferentes.
¿Y quién dice como debemos ser? Quién sería el que salió con aquello de
rosado para las niñas y celeste para los niños. Carritos para quienes cargamos
un pene, muñecas para quienes portan una vagina.
Para mí, Maríajose es como Rosa
Parks, una mujer valiente que decidió metérsele al tren, “comprarse la bronca” para
luchar por sus derechos como ser humano. En esta sociedad donde quieren
como afirma ella misma, hacernos creer que somos como envases de Tetrabrick,
todos iguales, cosas que sin duda no es para nada cierto, mi aplauso y
admiración para Rosa en los Estados Unidos y para Maríajosé, acá en mi
tiquicia.

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